¿Cómo te cuentas tu propia historia de vida?

En nuestra mente, las emociones que nos salen al paso en determinada situación, pueden llegar a ser tan abrumadoras que, más allá de que no es  grato experimentarlas, ni siquiera nos es posible, en el momento en que dicho evento sucede, terminar de comprender qué fue lo que en verdad pasó, la magnitud que tuvo para nuestro mundo interno, las  emociones involucradas y la forma en que nos defendimos de dicho impacto.

Cuando alguna situación resulta ser traumática, es decir que nos hace recibir un impacto emocional de tal magnitud, para el cual no estábamos preparados para hacerle frente, ya sea por madurez, por la edad a la que nos ocurre, por no poseer los recursos o herramientas para poderlo encarar, nos deja una marca inconsciente en la mente.

Así, nos veremos atrapados, como Lacan sostenía, en un “automatismo de repetición”. Donde lo que no fue posible simbolizar, ponerle palabras para poderlo comprender y elaborar, hace una herida en el psiquismo que buscará inconscientemente la “respuesta” a eso que no pudo procesar pero no en las palabras, sino que empuja al sujeto a repetirlo una y otra vez en las acciones.

En otras palabras, podemos ver por ejemplo, historias en donde los noviazgos siempre son con un tipo particular de pareja y el desenlace dramático siempre es, detalles más o menos, igual; donde tropezamos una y otra vez con la misma piedra sin poder articular en las palabras los nexos, las conexiones, que dicha consecuencia tiene con algún evento o eventos que sucedieron en nuestro pasado, el cual se reactualiza, se hace presente a través de la repetición.

Para muchos, la opción común es buscar la forma de sepultar y “olvidar” el evento traumático que, como se expresó, es la causa de lo que en la actualidad nos hace padecer y dolernos. Con esta alternativa, lo único que se logra es rehusarse a ver que la emociones involucradas son las que se “camuflajean” para no ser alcanzadas y que, si verdaderamente queremos resolver algo, es necesario develar los nexos que tienen en esta puesta en escena donde el libreto se sostiene, se repite; donde los personajes son los mismos y lo que cambia, permitiendo así la actualización de ese pasado traumático, son los escenario y los actores involucrados.

Un análisis busca recorrer ese camino, no exento de escollos, para conocer la historia en donde se enquistó ese trauma psíquico, busca develar los nexos que tienen los síntomas, que son los que en el presente hacen padecer, sufrir emocionalmente al paciente, para poder develar su relación y la forma en que estos últimos, por paradójico que parezca, son la forma equívoca de dar una “solución”, una respuesta a eso que sucedió y que nos hace quedar presos de un goce.

Así, se aspira a acompañar al paciente en ese viaje, un viaje en su propia búsqueda, a través de su historia y por vía de su palabra que, a su propio paso y ritmo, permita ir contactando con esas emociones que en su momento fueron tan abrumadoras que no fue posible ver en su justa dimensión, aclarando los malos entendidos que empantanan al sujeto y, con ello, que pueda lograr una lectura de su vida con ojos propios, no a través de lo que otros opinan o dicen de él pero, en particular, que pueda reconstruir esa su historia de vida para poder elaborar, es decir que la herida que provocó ese traumatismo en su mente, verdaderamente pueda “cicatrizar”. 

Al final del día, es poder sincerarse con uno mismo y, es especial, lograr contarse la propia historia de vida, pero no como nos hubiera gustado que fuera, sino como en verdad es.

¿Cómo te cuentas tu propia historia de vida? ¿Te gusta la historia que te cuentas?

Día Internacional de la Mujer – 8 marzo

SimonDeBeauvoir

‪#‎FelizDiaDeLaMujer‬ aunque, según Lacan, LA mujer no existe. El escribía el artículo << LA >> tachándolo, barrándolo; si bien para algunos esto puede resultar controversial, el sostener que LA mujer no existe, termina por ser más un halago.

¿A qué se refiere Lacan con esta aseveración?

A que una mujer “arquetípica”, no existe. Así se debe considerar a la mujer en su dimensión de sujeto y no como una abstracción. Existimos las mujeres, todas y cada una bien distintas, acorde a su personalidad y estructura psíquica, cada una con sus interrogantes, cada una con sus anhelos, cada una sosteniendo a su modo su propia feminidad.

¿Problemas en tus relaciones? ¿Cómo las cuidas?

Los vínculos que en la vida establecemos, sean con la familia, pareja, amigos, compañeros de clase o de trabajo, nos procuran satisfacciones y, emocionalmente también nos nutren dichos encuentros; sin embargo, no todos los momentos que vivimos en compañía de todos ellos son placenteros, también podemos hallar momentos de desencuentro y padecer por ello…

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Que sea sólo un propósito, sino un compromiso contigo mism@

Iniciamos año y podemos llenarnos de buenos propósitos que al cabo de un par de meses, en el mejor de los casos, o se terminan diluyendo en una balumba de resistencias (no tengo tiempo, dinero, quizás los más usuales) o sólo se quedan en ideas que nunca ven la posibilidad de materializarse.

¿El mismo destino dejas que corra tu salud emocional?

Podemos plantearnos hacer muchas cosas, pero podemos dejar pasar la importancia que tiene nuestra vida afectiva y la forma en que ella impacta en todas nuestras demás áreas. Por ejemplo, si tenemos un dolor físico, en la mayoría de las ocasiones, si tomamos el medicamento que el médico prescribe, es algo que se soluciona. Sin embargo, es muy diferente en cuestión al dolor emocional, puesto que podemos cargar toda la vida a cuestas con este padecer al repetir(nos) en las mismas escenas que no terminamos por comprender, en los mismos desenlaces para nuestras relaciones, sin permitirnos reconocerlo en justa dimensión para darle un sentido, frenar su repetición y dejar de padecer.

Esto último es lo que en un análisis se aspira a lograr, el acercar al sujeto interesado en su salud emocional ese saber que no está del todo pensado por él para que, a su tiempo y a su paso, logre reinventarse, pero fortalecido, en un lugar que no sea tan costoso a nivel emocional.

Que el ser una mejor versión de ti mismo, no sea uno de esos propósitos que se desvanecen al cabo de unos meses, sino una verdadera meta que logres conquistar.

CIUDAD EN LA CABEZA

¿Qué haces para sanar tus heridas?

Es de gran importancia reconocer nuestra responsabilidad jugada en aquello que nos duele para trabajar no sólo por victimizarnos, compadecernos o, lo más riesgoso, terminar por enquistarnos en la vida, donde la historia que nos contamos sobre nosotros mismos, sólo hace sostener esta versión, desconociendo la verdad que encierran los síntomas que nos hacen pacer.

Pero ¿De qué verdad se habla? De la verdad que encierra la historia de cada sujeto, la cual en los síntomas (respuestas equívocas que buscan enfrentar un momento que ha sido doloroso, traumático), es puesta en las acciones de forma impusilva y presa en su totalidad de ese automatismo de repetición y no en las palabras que nos permita comprenderla, simbolizarla, para evitar seguir repitiendo ese mismo dolor.

En esa maraña de emociones, si verdaderamente se busca atender y hallar una alternativa que no sea cosmética sino resolutiva a eso que nos está haciendo padecer, es indispensable preguntarnos entonces: ¿Qué papel estamos en realidad jugando? ¿Cuál es la verdadera participación que tenemos en esto? y, quizás una de las preguntas más difíciles ¿Por qué optamos por “funcionar” de esa forma cuando nos depara tantos líos?

En el fondo, este analizar parte por parte, escena por escena de cómo nos manejamos en la vida, implica tomar el reto de conocernos más, de buscar hacer algo con esto que nos ha deparado sufrir y, en un segundo tiempo, lograr cambiar de lugar, a uno en donde el costo emocional no sea devastador y de poder contarnos nuestra propia historia, sin distorsionarla, sin hacerla a la medida de lo mismo que no nos deja seguir.

Esta es la pertinencia de buscar analizarnos, el poder hacer algo más con lo que nos hace sufrir, comprender el sentido y la verdad sobre nuestra propia historia encerrada en nuestros síntomas para así, lograr alternativas más sanas de relacionarnos con los demás y con uno mismo.

 

 

A ciegas es costoso avanzar…

 

 

 

Cuántas veces no hemos creído que avanzamos, que seguimos nuestro camino cuando sólo damos vueltas en círculos en la obscuridad del limitado sendero que ya conocemos y que, una y otra vez, presas de un automatismo volvemos a recorrer, creyendo que somos los prisioneros de nuestros propios miedos…

 

Si nos detenemos un poco para cuestionarnos qué estamos haciendo en realidad y, así pudiéramos iluminar esos sinuosos caminos, enorme sería la sorpresa al descubrir que en realidad somos nosotros mismos quienes los tenemos secuestrados, sin dejarlos ir… puesto pese a lo paradójico que suene, nos deparan en alguna medida obtener un goce que es pertinente, para romper su repetición, descifrar.

Para vivir un proceso que te permita lograrlo, es necesario iniciar un análisis. Si estás interesado en sacar una cita, puedes visitar mi página o llamar al 4322-2914.